Hay madre que espanto,
menudo susto me he llevado
al mirarme en
el espejo
y comprobar con horror
que en mi cuerpo había florecido
un enorme
sarpullido.
Tenía la cara hinchada
y el cuerpo lleno de manchas
¿Sería el marisco que cené?
Que de gambas me atiborré
y mejillones ni los conté.
¡Hay dios mío!
qué horror
no volveré a probar ni un mejillón
¡Porque las gambas no creo yo!
Como pica, que desazón
tendré que marcharme a ver al doctor
a que me ponga una inyección.
Y sin embargo
no le diré…
que gambas
también cené.
No hay comentarios:
Publicar un comentario