Carlo Carrà
"Bodegón con cuaderno" (hacia 1850)
Sobre la mesa,
la geometría del silencio se acomoda
en objetos que han renunciado al tiempo.
El cuaderno —pálido oráculo—
reposa cerrado,
como si el pensamiento hubiese decidido
plegarse sobre sí mismo.
Las sombras no caen:
se posan.
Son densas, casi táctiles,
sombra–materia,
con la gravedad exacta de una idea inmóvil.
Una botella vigila el espacio,
cuerpo opaco,
torso sin sed,
mientras el vaso,
hueco y expectante,
ensaya la paciencia.
Todo es límite y contención:
la arista,
el ángulo sobrio,
la forma que se basta a sí misma
y no desea significado.
Aquí la realidad no representa:
se afirma.
No narra:
permanece.
El mundo, reducido a pocos signos,
respira una calma mineral,
una eternidad doméstica
donde incluso el pensamiento
aprende a callar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario